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Nuestra carta

Firma la carta para las generaciones mayores.

Nuestro manifiesto

1) La injusticia respecto a los pobres de hoy y las generaciones futuras

Nuestro futuro y el futuro de quien vendrá después de nosotros están en grave peligro. La humanidad desde hace tiempo ha asumido un camino irresponsable de destrucción ambiental que hace precario ya el presente y perjudica el futuro. En primer lugar, a causa de la crisis climática somos testigos de impactos debutantes en todos los continentes, con el aumento de la temperatura media de 1°C. El planeta así corre el riego de superar el límite catastrófico de 1.5°C de calentamiento global, si el acuerdo de París no será actuado por todos y de modo inmediato. En segundo lugar, la crisis de la biodiversidad nos ha ya conducido al interno de la sexta extinción masiva, con especies animales y vegetales que desaparecen de manera irreversible. A este propósito, nos recuerdan los obispos latinoamericanos y el documento preparatorio del Sínodo sobre la Amazonía. que las poblaciones indígenas tienen un rol decisivo en proteger las propias tierras ancestrales de las actividades de explotación indiscriminada. Además, otras crisis relacionadas y no menos importantes, como la crisis hídrica, hacen aún más alarmante el estado de nuestra casa común.

En la Laudato si’ se subraya que «las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad.»(Ls 161). Además, como han reconocido los obispos de todos los continentes [la actual] “generación no está haciendo los suficiente para dejar un planeta sano. Ser así miopes es cometer una injusticia inaceptable».

Somos conscientes de que la crisis ecológica no es solo una injusticia intergeneracional, sino también una injusticia intrageneracional de frente a las persone más pobres y más vulnerables. Como ha escrito el Papa Francisco, «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre» (Ls 48). Así sucede que la crisis migratoria está estrictamente vinculada a la destrucción ambiental: » Muchos de los que apenas pueden pagarlos ya se han visto obligados a abandonar sus hogares y migrar a otros lugares, sin saber cómo serán recibidos.» El tiempo apremia y muchos líderes no han aun dado inicio con convicción a aquellas trasformaciones necesarias para proteger la nuestra preciosa casa común y todos sus habitantes.

2) Una auténtica y urgente conversión ecológica

Reconocemos que la crisis ecológica es síntoma de una crisis más profunda en el corazón humano, que nos recuerda la llamada profética de San Juan Pablo II a «estimular y sostener la ‘conversión ecológica’, que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando.» Rogamos que este peregrinaje a Panamá llegue a ser una importante piedra angular en la conversión
ecológica de todos los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, ya que, para nosotros cristianos, » Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (Ls 217).

Conscientes de que nuestra parte de responsabilidad en la actual crisis ecológica, sentimos una profunda necesidad de arrepentimiento. De acuerdo a las palabras del Papa Francisco, «una sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión íntegra de la persona. Esto implica también reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro.» (Ls 218).

La Iglesia tiene un rol fundamental en el promover esta conversión ecológica en su interior y en todas las realidades sociales, económicas, políticas, institucionales. Nos entusiasma la manera en que la Laudato si’ es fuente de una obra eficaz para convocar a todos a asumir el cuidado del Creado, con innumerables iniciativas en todo el mundo que están guiando la acción de trasformación hacia una ecología integral. Pero es tal la urgencia que se debe hacer mucho más por parte de todos pero con aun mayor inmediatez.

3) El rol de los jóvenes católicos

Como han reconocido los Padres sinodales, entre los jóvenes «hay una fuerte y difundida sensibilidad por los temas ecológicos y de la sostenibilidad, que la encíclica Laudato si’ ha sabido catalizar”. En modo particular, esta sensibilidad se traduce en un apelo a todas las clases dirigentes ad actuar, porqué » Los jóvenes nos reclaman un cambio»(Ls 13). En efecto, hay un vivaz movimiento de jóvenes que está creciendo en todo el mundo y pide con fuerza a la generación al poder de tomar en serio el cambio climático y la crisis ecológica. Jóvenes activistas están dando origen a acciones sin precedente, que van del «climate strike” de los estudiantes a las acciones legales contra los gobiernos por no haber hecho lo suficiente para combatir el cambio climático.

En este contexto, también nosotros jóvenes católicos estamos actuando, como nunca antes se había hecho. Tomamos con seriedad la llamada de la Laudato si’ que invita a tomar «decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global» (LS 175) y unimos nuestra voz a la voz profética de muchos otros Jóvenes comprometidos por el ambiente. Como bien han expresado los Padres sinodales, «Los jóvenes desean poner a fructificar los propios talentos, competencias y creatividad y están disponibles a asumirse la propia responsabilidad», reconociendo el tesoro de la experiencia de los ancianos y de la rica tradición cultural y espiritual de nuestra Iglesia.

4) Nuestros compromisos

Somos conscientes de que nosotros, jóvenes católicos, no estamos haciendo lo suficiente. A pesar de los compromisos asumidos en conferencias anteriores sobre el cuidado de la creación, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2013 y 2016, todavía no nos estamos movilizando lo suficiente por nuestra casa común. Concretamente:

  1. Nos comprometemos a vivir Laudato Si’ en nuestra cotidianeidad, desarrollando una «espiritualidad ecológica» (LS 216) y adoptando estilos de vida sostenibles. El cambio también es posible a través de pequeñas acciones diarias como “evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los
    residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias” (LS 211).
  2. Nos comprometemos a estudiar y comprender de mejor manera la cuestión ecológica, con el objetivo de promover e implementar los cambios que sean necesarios en todos los niveles: en nuestras familias, escuelas, universidades, entornos laborales, clubes deportivos, a través de los medios y la cultura, etc…
  3. Nos comprometemos a pedir insistentemente a los obispos y líderes de la Iglesia a tomar más en serio la crisis ecológica. También, guiados por el llamado del Papa Francisco a que los jóvenes católicos hagamos «lío», seremos “provocadores” creativos y positivos en nuestras diócesis, parroquias y comunidades, para ayudar a la Iglesia a salir de la indiferencia y el conformismo.
  4. Nos comprometemos a apoyar a la Iglesia ofreciendo nuestro tiempo y nuestros talentos para animar a nuestras comunidades a tener un mejor cuidado de la creación; a un nivel más amplio, también ayudaremos a la Iglesia a ser más profética para impulsar a los líderes políticos a la acción, dado que la Iglesia «debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo” (Caritas in veritate,51).
  5. Nos comprometemos a colaborar, sin perder nuestra identidad y la visión integral de los problemas, con todos aquellos que, como el movimiento ambientalista y otras realidades, están trabajando para defender y preservar nuestra casa común.
  6. Para cambiar verdaderamente, es necesario trabajar juntos. La unión hace la fuerza. En este espíritu nace la «Generación Laudato Si», una nueva red de jóvenes católicos para coordinar estos esfuerzos, aprender los unos de los otros y maximizar la contribución de todos.

5) Nuestros pedidos

Pedimos a los Obispos y a los responsables de la Iglesia de acelerar la implementación de la Laudato Si’:

  1. Incentivando la “conversión ecológica” a través de programas educativos y formativos en todos los niveles, acompañados de iniciativas especiales para cultivar la dimensión ecológica de nuestra fe, como la celebración anual del Tiempo de la Creación. Es necesario dar prioridad a la ecología, un interés a menudo marginal y ocasional, para avanzar hacia un compromiso sistemático y orgánico en el tema.
  2. Promoviendo una conversión de los estilos de vida a la simplicidad y la sostenibilidad, comenzando por un compromiso de usar un 100% de energía renovable en las estructuras eclesiales y lograr el objetivo de cero emisiones netas de carbono para 2030 o antes.
  3. Adoptando directrices sobre las inversiones éticas que alejan los capitales de los combustibles fósiles (“desinversión”), considerando que, si queremos respetar el límite del Acuerdo de París, es necesario que «la mayoría de los combustibles fósiles se mantenga bajo tierra”; como indica el documento final del Sínodo de los Jóvenes (153).
  4. Tomando las indicaciones del Sínodo sobre los jóvenes y del trabajo de preparación del próximo Sínodo sobre la Amazonía, es necesario apoyar a los jóvenes en la realización de programas para el cuidado de la casa común y, en particular, promover proyectos para defender ese «pulmón del planeta» (LS 38) que es la selva amazónica con sus habitantes indígenas.

Pedimos también a los líderes políticos y a las instituciones competentes abordar con urgencia las cuestiones evidenciadas por los científicos:

  • transicionar al uso de 100% de energía renovable, para «poner fin a la era de los combustibles fósiles”10 de acuerdo al objetivo del acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 °C;
  • implementar el Global Pact, en el tema de migraciones para abordar el problema de los refugiados ambientales, para que «nadie sea dejado atrás»;
  • esforzarse por proteger al menos el 30% de los ecosistemas del planeta para 2030, especialmente a las comunidades indígenas que viven en estas regiones de gran biodiversidad, aplicando el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica;
  • participando activamente en el acceso universal y equitativo al agua potable para 2030, según lo previsto en el Objetivo 6 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la Agenda 2030 de la ONU;
  • adoptando un modelo de economía “circular”, para superar el «mito moderno del progreso material sin límites» (LS 78) y el paradigma del «crecimiento infinito» (LS 106).

Invitamos a todos los jóvenes del mundo a unirse, más allá de las diferencias, a cuidar la casa común.

Que San Francisco y los Santos Patronos de la JMJ 2019, nos bendigan y nos guíen en este maravilloso compromiso.

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